¡SÍ A LA RECONCILIACIÓN, SI A LA JUSTICIA RESTITUTIVA, NO A LA CONFRONTACIÓN!

Luchemos por una JUSTICIA RESTITUTIVA que juzgue los hechos, para conocerlos, arrepentirnos y hacer conciencia para que nunca más acontezcan. Una Justicia que nos permita compensar a los damnificados, poblaciones civiles inocentes e indefensas que, sin ser parte del problema, fueron sus principales víctimas.

Desde los siete años sufrí persecución por a las luchas cívicas de mi padre, de joven fui perseguido por mis inquietudes y participación en el movimiento estudiantil de la Universidad de San Carlos, de adulto sufrí atentados, amenazas, persecuciones y dos exilios que me han separado de mi tierra la tercera parte de mi vida, y que desarraigaron injusta y vilmente a toda mi familia.


Luché y arriesgué la vida por la Paz y la Reconciliación, antes, durante y después de ser Presidente. Mi pensamiento está recogido en mis actuaciones; no estoy interviniendo hoy para proteger a militares ni guerrilleros, estoy actuando porque sé que, si nos metemos en esta cacería, nuevamente serán los inocentes los que saldrán damnificados.
AFLIGE PENSAR QUE REGRESAREMOS A ESOS TIEMPOS; SOLO LOS QUE NO LOS HAN VIVIDO, PUEDEN DESEARLOS.


BASTA YA; con preocupación veo que hay una confrontación que se está gestando, que nos va a volver a enfrentar y que acarreará más muerte, huérfanos, viudas y subdesarrollo.


Es materialmente imposible llegar, con la Justica Penal que se está promoviendo, a todos los que cometieron crímenes durante los más de treinta años del conflicto armado interno en Guatemala, ya que estaríamos promoviendo una justicia selectiva y discriminatoria, lo que es una forma cruel de INJUSTICIA.


Estimados amigos, por las redes se me ha pedido que aporte de mi experiencia y de consejos, sin embargo considero que en estos momentos, más que un consejo, se necesita que todos aportemos ideas para la reflexión nacional, para lo cual me permito reproducir el acápite “BASTA YA” del capítulo XII de mi libro El Desmadre Tiene Nombre, (Pagina 282 en adelante), publicado en el año 2013. Considero que así se aportan algunos conceptos y criterios interesantes para la presente coyuntura.


Cito:
“BASTA YA”
Nací en 1945, prácticamente cuando comenzó la Guerra Fría y me desarrollé en medio de ese conflicto, el que limitó y condicionó mi vida y desarrollo. Toda mi generación fue víctima de un enfrentamiento de ideologías e intereses ajenos a los nuestros, pero que nos afectaron por la intensidad del pleito entre las potencias.


Llegue a la Presidencia de mi país en 1991, prácticamente cuando esa guerra terminaba. Sin embargo, la primera crisis que tuve que afrontar como presidente, no fue de carácter nacional, sino para prepararnos ante las consecuencias que nos traería la llamada Guerra del Golfo.


En Guatemala se firmaron los Acuerdos de Paz hace ya 16 años, pero la cultura de violencia y muerte que el conflicto dejó, ha impuesto un clima de inseguridad del que no se ha podido salir. Las clases más necesitadas siguen aportando muertos, otros aportan las armas y la corrupción, el crimen organizado y el narcotráfico aportan las ambiciones y el dinero para mantener el conflicto en las calles.


El país no ha tenido tregua para pensar en su futuro y para construir una patria diferente. No es justo que ahora, 16 años después, se vuelva nuevamente a revivir el conflicto. En los tribunales se vuelve a fomentar un clima de división, como que si no hubiera suficiente conflicto por resolver.


Los viejos actores queriendo o sin quererlo, vuelven a la escena, para revivir un pasado que no queremos activar y mucho menos queremos alentar.


Si bien es cierto que no debemos olvidar para que esos hechos que nos avergüenzan no se repitan, tampoco queremos eternizar un conflicto que empantana al país entero.


Hoy son unos los jueces y los fiscales, mañana serán otros, y esa cadena de persecución nunca va a terminar. Me pregunto, ¿cuándo empezaremos a reconstruir? ¿Acaso la egolatría y el egoísmo de aquellos que quieren protagonismo es mayor que la imperante necesidad del pueblo por un futuro mejor?


Recordemos que la historia es cíclica, y que fatalmente todo cambia y se repite. El decreto número 145-1996 – Ley de Reconciliación Nacional del 27 Diciembre 1996, emitida por el Congreso de la República de Guatemala, en su parte considerativa establece:


“Que obtener la paz constituye un interés nacional, primario e insoslayable, por cuyo motivo se suscribieron varios acuerdos, moderados por la Organización de las Naciones Unidas, sobre diversos temas de fundamental trascendencia para el fortalecimiento de las instituciones y la estabilidad social, la unidad y el desarrollo del país”.


Reconoce también “Que con motivo del enfrentamiento armado interno que se originó hace 36 años se han realizado acciones que, de conformidad con la legislación, pueden ser calificadas como delitos políticos o comunes conexos; y que para la reconciliación del país se requiere de un tratamiento equitativo e integral, que tome en cuenta las diferentes circunstancias y factores inherentes al enfrentamiento armado interno, para el logro de una paz firme y duradera”.


Importante es señalar que esa ley orientada a la reconciliación, establece categóricamente que su aplicación debe ser equitativa e integral, pues ese es el requisito indispensable para la terminación del conflicto armado que nos afectó y sigue afectando.


Un tratamiento desigual solo prolonga las Insatisfacciones y nos coloca de cara a otro nuevo Estadio de insatisfacción y conflicto.


Esta ley se hizo para todos, no solo para una parte de la mesa. Que la justicia actué con equidad es la mejor garantía de un futuro mejor, si no, veremos como la historia que queremos superar, nos vuelve a alcanzar con esa amargura que nos ha deteriorado y atrasado.


Mario López Martínez, en un ensayo sobre “Transiciones y reconciliaciones: cambios necesarios en el mundo actual”, publicado en el 2005 da un criterio que me parece digno de ser considerado con toda seriedad:


“Si las naciones tuvieran que construir su historia sólo Sobre la base de la cantidad de cadáveres y de héroes, es muy posible que la reconciliación no llegue nunca por el insoportable peso del pasado. En algún momento hay que cortar la espiral de la violencia, alimentada por el odio aprendido de los violentos, las ausencias y las furias del pasado. Sin embargo hay que resaltar el valor inmenso de la memoria que ha traspasado el tiempo para recuperar las voces silenciadas y poco a poco han logrado romper las inclemencias del olvido para denunciar a LA MUERTE.”


LA COMUNIDAD INTERNACIONAL EN LA RECONCILIACIÓN


En este mundo globalizado, las relacione entre grupos de ideologías y posiciones similares es sumamente activa, se comunican se solidarizan y se apoyan, esto es parte de la solidaridad mundial hoy más que nunca evidente.
Hoy con el desarrollo de las comunicaciones, es indiscutible que el cúmulo de información de que disponemos, nos hace ser los seres mas informados, desde que tenemos conocimiento de la raza humana.


Las comunicaciones que hasta hace poco eran en una sola dirección, hoy con el Internet y muy especialmente con las redes sociales, se han convertido en un fenómeno espectacularmente interactivo. No hay limitación para que uno opine sobre un hecho que está acaeciendo en Siria o en Sudáfrica; y lo más novedoso es que se puede hacer en tiempo real y de inmediato, sin limitación, llegando directamente a la fuente de la noticia, sea ésta un periódico escrito o una cadena mundial de noticias.


El mundo se ha vuelto pequeño en una forma espectacular y cada día los habitantes de este planeta estamos más conscientes de que toda conducta sea cual fuere, nos afecta globalmente.


La solidaridad internacional es un bien sublime de la sociedad contemporánea. Nunca podré olvidar el amor y dedicación de médicos, enfermeras, personal paramédico internacional, rescatistas, que auxiliaban a los mas damnificados y necesitados con motivo del terremoto del 76.


No podría dejar de reconocer el apoyo que muchos países y organizaciones internacionales nos dieron acompañándonos en el proceso tormentoso de encontrar una solución al conflicto armado interno del país.
No puedo dejar de reconocer el apoyo que como Presidente recibí con el fin de ejecutar los programas para la reubicación de los desplazados y refugiados guatemaltecos, víctimas de la violencia; así como de la ayuda desinteresada otorgada a las instituciones que creamos para ese fin: FONAPAZ, CEAR y FONATIERRA.


Guatemala tiene una deuda con organizaciones que durante años han hecho denuncias importantes de violaciones a los derechos humanos y que al mismo tiempo han exigiendo el respeto de los mismos. Estos hechos tuvieron un valor incalculable, sobre todo cuando internamente las voces de los nacionales eran acalladas.


Digo todo esto porque he sido testigo de esas acciones, pues durante años fui protagonista en la historia del país y considero que tengo la solvencia moral, el derecho y el conocimiento para afirmarlo, soy un testigo presencial, nadie me lo contó yo lo vi y lo viví.


MENSAJE A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL.


Con esa solvencia que me dan mis experiencias y credenciales, quiero dar un mensaje a la comunidad internacional; la que sabe, más que nadie, que nuestro pueblo ha sido una de las sociedades mas enfrentadas y conflictivas y que nuestro pasado y presente ha sido de muerte, violencia y confrontación. Sabe que esa realidad nos ha ubicado en los últimos puestos de desarrollo entre nuestros hermanos de la región latinoamericana.


En el país terminaron las confrontaciones entre liberales y conservadores, solo después de que el pueblo sufrió las inclemencias de dictaduras de ambos signos, pero la herencia de la confrontación de esas tendencias quedó. Terminó la guerra fría, en la que se pelearon intereses bastante lejanos a los nuestros, y ese conflicto aun nos tiene enfrentados.


Hoy, aún mas tristemente, nuestro patio es escenario de enfrentamiento entre narcotraficantes internacionales o del crimen organizado.


Nosotros necesitamos una ayuda internacional que contribuya a imponer un ritmo mayor a los procesos de reconciliación; que pare la confrontación, pero que se respete y entienda que la primera y última responsabilidad es de nosotros los guatemaltecos, quienes estamos asqueados de la confrontación, de la división, y sobre todo de la amargura y dolor al que nuestros hogares han estado sometidos por años.


Es importante contar con un acompañamiento internacional crítico, siempre y cuando éste respete el deseo mayoritario del pueblo por la reconciliación, la obtención del desarrollo y sobre todo, la seguridad.


En este contexto, el conocimiento de la verdad es sumamente útil, siempre y cuando sirva para que esos hechos que nos han dividido y estancado como país no se vuelvan a repetir. Sin embargo, si ese conocimiento de la verdad va a servir para que continúe la violencia, el revanchismo, el enfrentamiento entre hermanos y la muerte, pierde por completo su objetivo y naturaleza, pues lamentablemente viene a promover lo que quiere evitar.


Nuestra historia demuestra que nuestra cultura ha sido de conflictos y enfrentamientos, pero el pueblo está agotado, está asqueado de eso; nuestras instituciones están fallidas, precisamente porque su alimento ha sido el conflicto del que siempre han salido favorecidos los poderosos.


La comunidad internacional debe analizar esto antes de intervenir en la forma en que a veces lo ha hecho, muchas veces ha sido arrastrada en su buena fe, por grupos que no tienen respaldo popular, se representan a ellos mismos y con todo respeto digo que han ignorado el sentir de las grandes mayorías del país.


Los circos judiciales que se han montado no le dan de comer al pueblo y no lo ayudan a vivir con dignidad, solo son un espejismo, pues nadie cree en la justicia del país.


Se piensa que la reconciliación no es posible sin justicia, pero yo pregunto, siendo una víctima de esa justicia: ¿será posible llegar a una justicia auténtica, con las estructuras actuales del organismo judicial y las fiscalías, en los que la corrupción por un lado y el ansia de protagonismo por el otro, son dos de los principales motivos que los mueven?
En este orden de ideas, encontré en unos escritos del proceso de paz colombiano, cuyo autor no estaba mencionado, donde se expresa lo siguiente:
“Aunque no existe una verdad única ni una
justicia completa, una aspiración permanente
hacia más verdad y mejor justicia, restituye
la dignidad a las víctimas de la violencia.
Una justicia encaminada a reparar los daños
cometidos (justicia restaurativa) es preferible a
una pura justicia penal”.


Gandhi, el hombre que conmocionó al imperio británico dijo:
“Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar”.
Ya hemos probado mucha persecución y rencor y no nos ha funcionado, creo que es hora de que probemos la receta de Gandhi, que, dicho sea de paso, fue probada y dio resultados.


José Ingenieros, por su parte, nos da una clave para la verdadera reconciliación:
“Enseñemos a perdonar; pero enseñemos
también a no ofender. Sera más eficiente”.


Nos urge la reconciliación que hemos buscado durante años; necesitamos un cambio social y político profundo. Es aquí donde necesitamos la ayuda internacional.


UNANIMIDAD


Como decía anteriormente, la unanimidad a la que me refiero, no necesariamente significa que todos tengamos que estar completamente de acuerdo en todo, sino que entendamos que a pesar de nuestras diferencias, hay aspectos que tienen que ver con el futuro del país, o con el Estado mismo.


Hay agendas de Estado, en las que debemos de coincidir, y en las cuales no debería existir posiciones individuales o intereses privados que se les opongan.


Por ejemplo, si consideramos que la corrupción es la enfermedad de nuestro sistema, su erradicación debe ser un tema de unanimidad y de lucha por erradicarla. Si privilegiamos la educación como condición fundamental para nuestro futuro, esto debe verse reflejado en los grandes consensos políticos que van desde el desarrollo conceptual de la misma, hasta las asignaciones presupuestarias.


De esta manera podríamos continuar presentando ejemplos de lo que deberían ser los puntos de unanimidad o políticas de Estado.


Es fundamental que estas políticas existan explícitamente como resultado de un pacto político social y no como la imposición de simples aspiraciones dentro de un texto constitucional, como ha sido el caso en el pasado; porque si de leyes se tratara, ya no habría analfabetismo, todos los guatemaltecos tendrían educación básica, etc. etc.


Estos textos constitucionales han sido tan irreales, que nunca han podido concretarse, habiendo producido solo frustración para el pueblo y desprestigio para el documento que los contiene; sean estos la Constitución, las leyes o los famosos planes de desarrollo.


Martin Luther King dijo: “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”
Esa unanimidad de que hemos hablado, no es solo de conceptos sino de acción, porque muchas ideas sin un accionar consecuente, es una forma vil de indiferencia.


La propia Biblia nos enseña que “la fe sin obras es muerta”. No hay cambio social posible sin acción. Y esa acción será efectiva cuando se emprenda y realice unánimemente.


Difícil sería llevar un barco a puerto si tuviera dos timones y cada timonel quisiera anclar en lugar diferente.
Dice el dicho que “la unión hace la fuerza” y digo que eso es así, siempre que se ejerza en el mismo sentido, pues todos sabemos que las fuerzas opuestas se neutralizan.

 

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Jorge Serrano Elías Con todo respeto Señor Quiroa Franco, usted quizá no recuerde, pero yo sí me expuse por la Paz, con monseñor Quezada, monseñor Gerardi, con la licenciada Tere de Zarco, con el Coronel Francisco Gordillo y el Licenciado Mario Permuth, al licenciado Roberto Carpio y el ingeniero Leopoldo Sandoval como miembros de la Comisión Nacional de Reconciliación, tomamos riesgos por la Paz, fui uno de los que negoció y firmó el primer acuerdo en Oslo en el 90, siendo consciente de que por una cosa similar ya había perdido la vida Danilo Barillas.
Soy perseguido sí, pero a pesar de eso doy la cara. La pregunta sería ¿en dónde están y estaban los que hoy quieren confrontarnos, cuando luchábamos para parar la muerte, la desolación y la guerra entre hermanos? ¿En dónde estaban, cuando trabajábamos para que los campesinos indígenas desplazados en las montañas regresaran a una vida digna?. ¿En dónde estaban ellos cuando luchábamos para repatriar a los hermanos que sobrevivían indignamente en los campos de refugiados en México?
Ciertamente, yo no sé donde estaban ellos, pero para que usted lo sepa, yo sí estaba allí hablando, dando la cara y actuando y por qué no decirlo confrontado y criticado.
Lo he hecho toda mi vida y ahora no voy a cambiar, seguiré luchando aunque sea de lejos, para que mi país no regrese a esos tiempos.
Eli CastilloMiguel Chuga cuéntenos de qué es la foto, para saber un poco más de la historia…
Maria Wang: Ingeniero, soy joven y no tengo mucho conocimiento del conflicto armado y sus consecuencias, por eso le agradezco esta publicación y también sus libros. Tengo mucha inquietud por el problema de los militares detenidos y me preocupa que todo esto pueda llevarnos a un estallido entre quienes defienden a los militares y quienes promueven a las víctimas.
Josefina Sical: Y que piensan las autoridades con defender a los culpables y nosotros que beneficio nos darian a los afectados psicologico nos quedamos traumados del conflicto armado mi madre sufrio con nosotros y de los sufrientos de los afectados les vale madre quedamos entre las edades de 5,3,1,mi madre enbarazada en que pobresa crecimos eso no lo piensan
Jorge Serrano Elías: Totalmente de acuerdo, esos hechos son los que hay que considerar y reparar aunque sea en parte, lo que perdieron por todo el daño que se les hizo.
Wiliam Santizo: Ojala algún día Guatemala sea un país libre con justicia en igual para todos. En ese punto me gustaría ver si usted tiene los huevos suficientes para regresar y aclarar su situación, de la cual usted jura que es víctima de los dueños de la guayaba. Es muy fácil hablar y decir muchas cosas desde un país donde nadie lo puede tocar. Y esto se lo digo con todo respeto. Si es inocente, creo que no habrá ningún problema para que regrese a su tan amada patria.
Jacinto Mario Ordoñez: La sociedad, el país, están dolidos, cuando aún se persiguió a los que querían brindarle ayuda psicológica, a los que sufrieron persecución, exilio, el sentimiento de tener alguien desaparecido, por su derecho a participar en la solución de los problemas en Guatemala o el simple hecho de estar organizado, o defender sus derechos, cuando hay familiares que fueron torturados y asesinados, 200,000, aún impunes, los que no vivieron el terror de las dictaduras militares, no conocen el dolor de los que aún no se le ha hecho justicia. Muchos ya murieron al igual que sus opresores, es un periodo trágico impulsado por la avaricia

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