CARTA A DUEÑOS DE LA GUAYABA

CARTA A DUEÑOS DE LA GUAYABA,
Panamá, 23 de marzo de 2012; Estimados señores:
Ya han pasado casi veinte años, en los que ustedes han gobernado. La historia ha empezado a recoger con algún grado de objetividad lo que han hecho con mi patria. Yo no soy quién para juzgarlos y sé que aún siguen mandando y no sé por cuánto tiempo más.
No quisiera escribir esta carta cuando ustedes ya no estén en mando, pues dirían que soy un cobarde, y me preguntaría por qué no lo hice a tiempo, así que, hablando claro, les voy a facilitar un poquito su trabajo a los historiadores; o por lo menos, darles pistas para que se les haga más fácil hacer su tarea.
Sin tapujos y como decía un buen amigo mío, “sin ponerle paracaídas al tetunte”, permítanme detallar los temas de fondo que nos enemistaron o enfrentaron:

ELECCIONES DE 1990
Haberles ganado las elecciones para Presidente de la República de Guatemala, cuando ustedes, los dueños de la guayaba ya habían decidido, que el siguiente Presidente debería ser o Jorge Carpio Nicole o Álvaro Arzú Irigoyen. Aunque ya lo sabía, yo debí haber entendido bien la estrategia de ustedes.

ELECCIONES PARA ALCALDES DE 1993
Haberles ganado las elecciones para alcaldes el 9 de mayo, sabiendo el esfuerzo que ustedes habían hecho, financiando todas las coaliciones posibles para derrotar a mi partido, el MAS. Esto ya era mucho, por eso con toda razón veinte días después, financiaron e instigaron el golpe de Estado para quitarme del gobierno.

BONO 14
Haber atentado contra la estabilidad de sus bolsillos, al decretar el Bono 14 única reivindicación laboral real, para el pueblo de Guatemala, en los últimos setenta años. Sin embargo, lamento que ustedes no lo hayan visto así.

REPATRIACIÓN DE 35,000 REFUGIADOS
GUATEMALTECOS
Haber retornado al país, a pesar de todas las oposiciones y valladares que se presentaron, a 35,000 guatemaltecos que vivían en condiciones inhumanas en campamentos de refugiados, en México. Quizás esto a ustedes no les interesaba mucho, pues lo único que oí en alguna oportunidad, fue el comentario de que, “no entendían que hacía yo, trayendo de regreso a todos esos guerrilleros comunistas”.

CREAR LOS HOGARES COMUNITARIOS
Haber organizado a través del programa de Hogares Comunitarios, de la Primera Dama, 5,000 hogares y darle atención humanitaria a por lo menos 50,000 niños de la ciudad capital; y que, en los departamentos ya requerían de esa atención, pues sus madres trabajaban. No hubo nunca la intención de entender la proyección social del programa, sino que fue mordazmente criticado por el impacto político que podría tener en favor de nosotros.

RECUPERACIÓN ECONÓMICA
Haber puesto disciplina en la economía, haber reducido a un 10% la inflación galopante que me heredó el gobierno anterior de un 60%, la cual estaba empobreciendo brutalmente al pueblo, sobre todo a los asalariados.
Como las medidas que debimos tomar significaron
poner orden en las finanzas públicas, racionalizando el sistema tributario, reduciendo los subsidios, nivelando los presupuestos de la Nación y reducir la inflación parando la especulación que durante años favoreció a muchos poderosos, ustedes las adversaron, sin importar lo que eso significaba para el bienestar de una población golpeada.

ELIMINACIÓN DEL CUPO MILITAR Y
DIGNIFICACIÓN DEL SOLDADO
Desde la conquista, el Cupo Militar, es decir, el reclutamiento de soldados para servir en el ejército, se llevó a cabo en los mercados del interior de la República, persiguiendo a los jóvenes que tenían edad de servicio, y sin preguntarles su voluntad o la situación de su familia, eran llevados al cuartel, rapados e ingresados a las filas del Ejército.
Terminar esta deleznable costumbre fue un deber de conciencia y justicia para mí.
Le puse el salario mínimo al soldado, lo que representó un ingreso tres veces mayor que el que tenía, y de esa forma nunca más tuvimos que llevar lazos para incorporar soldados.
No tengo la menor idea de si se enteraron ustedes de esto, pues estoy seguro que este, no sería tema con sus interlocutores de la Cúspide Militar.

PROCESO DE PAZ Y RECONCILIACIÓN
NACIONAL
Desde la Comisión Nacional de Reconciliación trabajé arduamente por la Paz Firme y Duradera de la Nación.
Fui quien presidió la delegación que negoció y firmó el Acuerdo de Oslo, inicié las negociaciones Gobierno–Guerrilla en el 91. Siempre me manejé con absoluto apego a la ley y a los más caros intereses de la patria. Esto ha quedado claro en todos mis discursos y en los documentos firmados y enviados a la guerrilla.
¿Por qué me odiaron? ¿Qué hice tan mal, para que algunos de ustedes planearan matarme y que mi propio ex ministro de la Defensa, dijera que lo único que le quedaba era “meterme un tiro”?

PAZ EN EL CAMPO
Cree CEAR, FONAPAZ, COPREDE y a través del INTA compramos más de VEINTE MILHECTÁREAS, es decir CUATROCIENTAS CINCUENTA CABALLERÍAS de tierras para ubicar a los desplazados y repatriados.
Todos estos fueron programas de justicia y servicio humanitario, no entiendo por qué ustedes no se interesaron en ellos, ya no digamos por qué no presentaron en algún momento alguna iniciativa para hacer algo por esas poblaciones, tan marginales y necesitadas.
Nunca voy a entender cómo es posible que no se hayan dado cuenta
de que trabajando por el bienestar de esos guatemaltecos, les estábamos creando condiciones para que pudieran vivir en paz, consigo mismos y con sus paisanos y hermanos.

APOYO Y DIGNIFICACIÓN DEL EJÉRCITO
Como Comandante General del Ejército di la cara por él, asumí como propia su defensa cuando tuve que hacerlo, sin importar el foro o la posición en que eso me tocara hacerlo.
Respeté las jerarquías, grados y antigüedades; me preocupé por el bienestar de la tropa, los especialistas y los oficiales, fueran estos superiores o subalternos.
Me preocupé, como ningún otro Presidente, en equipar a la Fuerza Aérea, para dar servicio oportuno a los elementos en zonas de combate.
Me preocupé por las viudas y huérfanos del conflicto, estableciendo un programa para sus viviendas y futuro.
También en beneficio de la misma institución, como un hecho sin precedentes, cambié el Alto Mando Militar y aplique medidas disciplinarias a altos jefes militares, que directa o fortuitamente, se vieron involucrados en actividades de insubordinación o de Un carácter delictivo.
Todo esto lo hice con apego a la ley y con un profundo respeto a la dignidad de los sancionados. Sigo convencido de que solo profundizando en estos dos caminos, podremos tener en el país, no solo un ejército apropiado, sino que también instituciones fuertes que den sustento a una verdadera democracia.
Créanme señores, que el compadrazgo y la corrupción que algunos de ustedes fomentaron con algunos oficiales del Ejército, no es el camino para fortalecer el sistema de derecho del país.
Ese, sin lugar a dudas, sí es el sistema para fortalecer y garantizar sus privilegios, pero por favor, miren lo que han logrado: un país con un Estado prácticamente fallido.

RECONOCIMIENTO DE BELICE COMO ESTADO INDEPENDIENTE
Este es sin lugar a dudas el hecho que más nos
abrió las puertas al respeto de la comunidad internacional. Era inteligente y digno aceptar con gallardía una realidad que no podíamos cambiar y que estaba amparada por todos los convenios firmados por el Estado en el último siglo.
Yo no entendía por qué, si había decidido pagar el precio político de esa medida, la gente pensante, y supuestamente patriótica, no apoyaron la decisión o simplemente se callaron. Antes quisieron utilizarlo como una bandera política, ridícula ante los ojos del mundo, y lo único que lograron fue mediatizar los beneficios que pudimos haber obtenido.

PRIVATIZAR A ULTRANZA
Como el sector privado lo quería, hacer la privatización a ultranza era malbaratar las empresas del Estado, las que no valían nada por la situación caótica en que se encontraban.
Sin embargo era regalar su potencial, trasladarlo
ingratamente a monopolios privados, dando la oportunidad de explotar, para su propio beneficio, los recursos más rentables de la Nación; y sobre todo, dejar a la población desprotegida en sus intereses y limitadas sus posibilidades de desarrollo de los servicios más urgentes.
Yo atribuía a la codicia desmedida algunas de esas presiones; pero con el tiempo entendí que no solo era eso, sino que también estaban de por medio los múltiples negocios vinculados a los sectores con los que ellos se saboreaban; sobre todo, el poder que en los mismos se escondía.
Se trataba del poder que la liquidez que generan esas empresas otorga tanto para la influencias bancarias como también para otro tipo de actividades no tan santas.
Confieso que mi intuición me lo decía, por eso es que yo predicaba la desmonopolización antes que la privatización; pero esto era veneno para algunos de ustedes que iban detrás de algo más que un negocio.
Después de veinte años afuera, de observar y finalmente entender lo que las intenciones de algunos
encubrían, les digo señores, le doy gracias a Dios por no haber cedido.
Quizás hoy yo sería el hombre más rico de Guatemala, pero no me perdonaría haber sido parte o instrumento de toda esa porquería en que han metido a mi país.

LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO
La lucha contra el narcotráfico fue frontal. Interceptamos cantidades sin precedentes, extraditamos personas vinculadas, perseguimos el cultivo de la amapola, apoyamos el trabajo de las entidades foráneas que se dedicaban al combate de la droga; le dimos seguimiento a las denuncias de lavado de dinero, tal como lo manifesté en la Proclama del 25 de mayo de 1993, porque el contrabando y la manipulación en las aduanas, seguía siendo uno de los más grandes problemas para su control.
Con el tiempo pude entender que esa dificultad venía de que los beneficiarios del contrabando eran algunos de aquellos que se presentaban con saco y corbata a conversar conmigo y que eso sí les afectaba a ellos y a los socios que tenían en el gobierno
Cuando yo planteé que lo mejor sería privatizar el manejo de las aduanas, esto no les gustó a muchos de ambos bandos. Hoy veo que ya no solo son socios en el contrabando, sino que en el lavado y hasta en el narcotráfico,
Mensaje final
Estas líneas van dirigidas a quienes despiadadamente me atacaron y nunca me dejaron defenderme; que siempre con su poder impidieron que esta verdad que hoy declaro al mundo se divulgara. Pero el tiempo llegó de declararla y lo hago como
un deber para con mi patria, mi familia, principalmente para mis nietos y sobrinos nietos, a los que amo con todo mi corazón. También van dirigidas mis palabras a los hermanos en Cristo; aunque se que muchos han sido arrastrados por años a juzgarme y condenarme, pero el momento llego de aclarar las infames acusaciones con la que me han difamado, usando mentiras o verdades a medias, que para el caso, son más horrendas que las propias mentiras.

Ustedes, mis perseguidores, han hecho creer al país que mi doloroso exilio ha sido dorado, cuando este es el más duro de los castigos. Los griegos lo llamaron ostracismo; castigo que daban sólo después de una votación pública a mano alzada, la que se debía ratificar dos meses después, en una votación con concurrencia mínima de 6000 votantes, quienes en este caso debían escribir el nombre del sujeto a este castigo, en un pedazo de barro o en una concha de ostras.
El exilio no era nunca permanente, eran diez años como máximo; y además, la persona exiliada no perdía jamás sus derechos ciudadanos e incluso podía ser perdonada por una nueva votación de la asamblea; cosas que a mi me han negado.
Ustedes señores, votaron, me condenaron y han hecho todo el daño posible, condicionando la justicia para desterrarme permanentemente.
Por mis convicciones cristianas, no puedo desear a ustedes que prueben un poco de lo que es un exilio “dorado”, pues estoy convencido de que es mejor pagar el mal con bien. Pero quiero que sepan que no hay cosa mas horrible, que saber que uno es visto permanentemente como un paria, y saber que mucha gente
lo ve, lo juzga y lo condena.
Es duro saber que uno no tienen derechos, que uno no es un ciudadano, que es simplemente un habitante. Es duro comprobar que veinte años de exilio son para mi esposa Magda y para mi, la tercera parte de nuestras vidas; para mis hijos, la mitad de las suyas; y para mis nietos toda una vida.
Me dirijo a mis perseguidores, a los que para justificar sus cuestionables actitudes destruyeron mi honra, mancillaron mi dignidad, desarraigaron mi familia de sus raíces, usaron sus medios de comunicación para destruirme y me han mantenido preso en un país al que bendigo porque su conciencia no ha podido ser envenenada como lo han hecho con muchos de los sectores de mi propia patria.
Quiero que sepan que los he perdonado desde hace muchos años y testifico que la única esperanza y consuelo que nos ha mantenido, ha sido la fe en Dios, nuestra creencia en las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo y la unidad y sanidad que Dios, en su inmensa misericordia, ha dado a mi familia.
Sin embargo, los invito a reflexionar en que, al usar el sistema para la garantía de sus particulares intereses, han venido destruyendo la necesaria convivencia armónica que toda sociedad necesita para vivir en paz, han impedido que los valores trascendentes como la equidad, la justicia y la solidaridad, sean una realidad que promueva el equilibrio social.
Al margen de mi situación personal, piensen que la gran mayoría de los guatemaltecos, se sienten victimas de un sistema, que ustedes han favorecido y manipulado permanentemente.
El cambiar a una actitud de respeto y comprensión, buscando la aceptación y el perdón de esa sociedad, constituye el único fundamento sólido para llegar a estadios favorables de reconciliación nacional, pero para eso es necesario abandonar el egoísmo, estar dispuestos a dar respuestas congruentes con las necesidades y aspiraciones de nuestro pueblo y no las revestidas de codicia e indiferencia, que han llevado a nuestra querida patria a la situación en que se encuentra.
No arrinconemos mas al pueblo, no lo empujemos a reaccionar violentamente. Recuerden que para el pueblo, Miami no es una opción.
Jorge Antonio Serrano Elías

ESTA CARTA FUE PUBLICADA COMO CAPÍTULO XVII DEL LIBRO «LA GUAYABA TIENE DUEÑO»

 

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